En el post anterior dejamos claro que una organización no es una maquina, sino más bien un ente vivo, una entidad sistémica que tiene su propia identidad, mas allá de las identidades individuales.
Al ser esto así, lo lógico sería que cada organización, al ser única en cuanto a su identidad y valores corporativos, tuviera un desarrollo específico a lo largo del tiempo ligado a su misión y a lo que podríamos definir como su propia naturaleza, es decir, su especificidad única.
No obstante, esto choca con la definición, a mi parecer excesivamente simple, de la disciplina clásica de Desarrollo Organizacional: "...una herramienta que, por medio del análisis interno de la organización y del entorno que le rodea, le permita obtener información que lo guíe en adoptar un camino o estrategia hacia el cambio, hacia una evolución, conforme a las exigencias o demandas del medio en el que se encuentre, logrando la eficiencia de todos los elementos que la constituyen para obtener el éxito de organización".
En efecto, el logro de la eficiencia esta vinculado a la visión mecanicista de las organizaciones, propia de la etapa industrial y ligada a la visión del ingeniero, esto es, a lo que podríamos denominar el subsistema "técnico" de la organización. Desde el punto de vista de la técnica, lo importante es, por encima de todo, la mejora de la eficiencia.
Pero una organización no es solamente un proceso técnico de producción. Es muchas más cosas.